VOYAGER CLASS

DESCRIPCIÓN DE LA CLASE VOYAGER

La clase Voyager de Royal Caribbean marcó un hito en la historia de los cruceros al introducir por primera vez el concepto del Royal Promenade, una avenida interior que recorre el barco de extremo a extremo como si de una calle comercial se tratara. Con capacidad para aproximadamente 3,800 pasajeros, estos barcos de gran tamaño revolucionaron la industria al demostrar que un crucero podía ofrecer la experiencia de un resort completo en altamar, combinando entretenimiento, gastronomía y actividades deportivas bajo un mismo casco.

Sus buques, el *Voyager of the Seas*, *Explorer of the Seas*, *Adventure of the Seas*, *Navigator of the Seas* y *Mariner of the Seas*, navegan destinos del Caribe, Europa y el Pacífico. Cada navío ofrece una pista de patinaje sobre hielo, cancha de baloncesto, muro de escalada, casino, teatro y una variada propuesta gastronómica, siendo considerados barcos históricos que sentaron las bases de todo lo que la industria de los cruceros modernos llegaría a ser.

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BARCOS DE LA CLASE VOYAGER

EXPLORER OF THE SEAS

VOYAGER OF THE SEAS

ADVENTURE OF THE SEAS

NAVIGATOR OF THE SEAS

MARINER OF THE SEAS

PRINCIPALES ATRACTIVOS DE LA CLSE VOYAGER

Royal Promenade

Hay una calle en la clase Voyager que nunca duerme y que nunca ve la lluvia. El Royal Promenade es una avenida interior de varios niveles que recorre el barco de extremo a extremo, flanqueada por tiendas, bares, cafeterías y balcones desde donde los camarotes asoman como ventanas de un edificio urbano. Los desfiles espontáneos la toman por sorpresa, las celebraciones la llenan de confeti y los pasajeros la recorren una y otra vez sin cansarse, porque cada paseo revela algo nuevo que la vez anterior había pasado inadvertido.

Pista de Patinaje sobre Hielo

Nadie espera encontrar hielo en medio del Caribe, y sin embargo ahí está. La pista de patinaje de la clase Voyager es uno de esos atractivos que generan incredulidad antes de generar admiración. Principiantes que se aferran a la baranda, parejas que intentan girar con más gracia de la que tienen y niños que ya van solos después de veinte minutos en los patines llenan este espacio de risas y caídas dignas. Por las noches, cuando los patinadores profesionales toman el control, la pista se convierte en un espectáculo que congela el tiempo tanto como el hielo bajo los pies.

Royal Promenade Café

A mitad del Royal Promenade, el café nunca cierra y el aroma a pan recién horneado lo confirma. Es el punto de pausa natural del barco, donde los pasajeros se detienen con una taza en la mano a ver pasar la vida de a bordo como si observaran una ciudad desde una terraza. Los sándwiches, las medialunas y los postres sencillos llegan sin complicaciones, y la conversación entre extraños fluye con esa facilidad particular que solo ocurre cuando todos comparten el mismo horizonte.

Muro de Escalada

En la popa del barco, cuatro paredes de roca artificial se elevan desafiando a cualquiera que se atreva a mirarlas. El muro de escalada de la clase Voyager tiene rutas para todos los niveles, desde el turista curioso que nunca ha usado un arnés hasta el escalador experimentado que busca una pared digna de su habilidad. Llegar a la cima y mirar hacia abajo, con el océano extendiéndose en todas direcciones, es una recompensa que ninguna fotografía logra transmitir del todo, porque la altura se siente en el estómago antes que en los ojos.

FlowRider

El FlowRider llegó a la clase Voyager para demostrar que el océano no es el único lugar donde se pueden encontrar olas a bordo. Esta máquina de surf genera una corriente continua y perfecta que desafía a pararse sobre una tabla en medio del Atlántico o el Caribe. Los intentos fallidos arrancan carcajadas desde las gradas, los logros arrancan aplausos, y la cola para volver a intentarlo nunca baja porque una vez que se prueba, resulta imposible conformarse con solo una pasada.

Cancha de Baloncesto

En la cubierta superior de la clase Voyager, una cancha de baloncesto de tamaño reglamentario espera a quienes necesitan gastar energía de una manera más directa. Los partidos improvisados entre pasajeros de distintos países tienen algo de mágico, porque el idioma del deporte funciona sin traducción y las rivalidades amistosas se forjan en minutos. Al terminar, con el sudor aún fresco y el barco navegando bajo los pies, queda la certeza de que muy poca gente puede decir que jugó baloncesto en altamar.

Teatro Principal

El teatro de la clase Voyager fue diseñado para impresionar desde la primera fila hasta la última. Con varios niveles de butacas, iluminación profesional y una producción técnica que rivaliza con cualquier sala en tierra, cada noche presenta un show diferente que mantiene al público expectante desde el primer momento. Musicales con vestuario elaborado, espectáculos de acrobacias y noches de comedia llenan el programa de una travesía que nunca tiene suficientes noches para mostrar todo lo que tiene preparado.

Casino Royale

El Casino Royale de la clase Voyager es uno de los más grandes en altamar, y se nota desde que se cruza su entrada. Las mesas de póker, blackjack y ruleta están siempre animadas por jugadores que llegaron a pasar un rato y se quedaron horas, atrapados en esa lógica particular del casino donde el tiempo deja de existir y cada mano puede cambiar el rumbo de la noche. Las máquinas tragamonedas bordean el salón con su música constante, y los cócteles llegan puntuales sin que nadie los pida dos veces.

Chops Grille

Chops Grille existe en la clase Voyager para recordarle a los pasajeros que cenar bien es también una forma de viajar. Sus cortes de carne madurados con precisión, sus guarniciones elaboradas con ingredientes seleccionados y una carta de vinos con criterio propio elevan cada cena a una experiencia que se reserva desde el primer día a bordo. La sala es cálida, el servicio es atento sin ser intrusivo y la conversación fluye mejor que en cualquier otro lugar del barco, quizás porque la buena comida siempre ha sido el mejor punto de partida.

Portofino

Portofino es el restaurante italiano de la clase Voyager y lleva su nombre con una elegancia que se siente desde que se entra. La pasta hecha con técnica, los risottos cremosos y los postres que llegan como pequeñas obras de arte componen una carta que rinde homenaje genuino a la cocina italiana sin caer en los clichés habituales. La decoración evoca las costas de la Riviera italiana con una sutileza que no grita sino que sugiere, y cenar aquí en una noche de navegación tranquila es una de esas experiencias que se buscan repetir antes de que el viaje termine.

Boleros Latin Lounge

Boleros toma la noche de la clase Voyager y la convierte en algo completamente diferente. La música en vivo llena cada rincón con ritmos que van del salsa al merengue, del bachata al son, y la pista de baile nunca permanece vacía por mucho tiempo. Hay algo en ese ambiente que disuelve la timidez con una eficacia sorprendente, y personas que juraron no saber bailar terminan moviéndose con una soltura que ellas mismas no se conocían. Boleros no es solo un bar, es el lugar donde la mejor versión de la noche siempre está esperando.

Spa y Fitness Center

El spa de la clase Voyager propone una pausa necesaria en medio de tanta actividad. Sus salas de tratamiento, el sauna, el baño de vapor y la zona de relajación construyen un espacio donde el tiempo fluye distinto, más lento y más amable. El gimnasio equipado con máquinas modernas invita a empezar el día con energía o a cerrar la tarde con una rutina que el cuerpo agradece. En ambos casos, el mar siempre está cerca, visible desde alguna ventana o presente en el suave movimiento que recuerda que todo esto ocurre sobre el agua.

Adventure Ocean

Adventure Ocean convierte la clase Voyager en el mejor viaje que un niño puede recordar. El programa divide a los pequeños por grupos de edad y los sumerge en un mundo de actividades diseñadas para que cada día sea diferente al anterior, con juegos, manualidades, concursos, noches temáticas y aventuras que los mantienen ocupados y felices de una manera que ninguna pantalla podría igualar. Los padres los dejan por la mañana y los recogen por la noche con la tranquilidad de saber que estuvieron exactamente donde debían estar, viviendo su propia versión del viaje.